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Luces, Cámara, Revolución...

En cuestión de dos años, Lorena Almarza ha liderado el crecimiento -no burocrático- de La Villa del Cine, un proyecto del Estado creado para impulsar la industria cinematográfica nacional.

Fotografía por Pedro Baute
Lorena Almarza. “Los actores hollywoodenses han venido a ver lo que ocurre en Venezuela, en el proceso bolivariano, porque además de ser actores,
productores y directores, son activistas políticos dentro de sus países, contra las políticas imperialistas”.

Un grupo de jóvenes de no más de 30 años discuten un guión sobre la mesa de la oficina de producción. Unos metros más adelante, un par de costureras afinan los detalles de unos trajes de época y, en el estudio contiguo, los escenógrafos ambientan un restaurante para grabar una escena de la última película en producción.

Y es que en La Villa del Cine, ese moderno edificio blanco que se erige en mitad de la nada, en la autopista Caracas - Guatire, hay mucha actividad recientemente. Más de 20 largometrajes se han producido en los últimos años y la cifra sigue creciendo a medida que se crea y fortalece la industria cinematográfica nacional.

El Estado venezolano ha desempeñado múltiples papeles en los últimos 10 años. Ha sido industrial, banquero, transportista, comerciante, operador turístico y, aunque parezca increíble, también se ha convertido en cineasta.

A juicio de Lorena Almarza, presidenta de la Fundación Villa del Cine, lo ha hecho con varios objetivos en la mira: ampliar la producción cinematográfica nacional, reposicionar el cine venezolano y ejecutar proyectos de interés nacional.

“Bajo este concepto de ampliar la producción cinematográfica nacional que se estipula en la Ley de Cine, es que se crea La Villa del Cine. El Centro Nacional Autónomo de Cinematografía (CNAC) cumple una función estratégica importante, pero ellos abren unas convocatorias y cada quien presenta su idea, un proyecto que la persona cree que es importante. La Villa nace por la necesidad de que el Estado desarrolle producciones de interés nacional que fomenten la identidad, la pluriculturalidad del pueblo venezolano y los valores de libertad, solidaridad, justicia y paz. El caso de Miranda Regresa es un ejemplo, se cumplía el bicentenario de su llegada a Coro, y era importante avanzar en este proyecto por todo el tema de recuperación de la memoria”, afirma Almarza.

Al ser La Villa un ente del Estado, adscrito al Ministerio del Poder Popular Para la Cultura, aunque el ambiente de productividad que allí se respira está muy lejos de parecerse al de una institución pública, recibe recursos que dependen exclusivamente del presupuesto nacional.

Almarza es bien enfática al reconocer que no generan ingresos por otra vía, lo cual hace que algunos críticos del proyecto duden de su sostenibilidad en el largo plazo, pues en época de ajustes presupuestarios, históricamente la cultura ha sido una de las áreas que más se ve afectada.

Lo cierto es que, en 2008, el presupuesto fijado fue de 34.000.000 de Bolívares Fuertes, entre 10% y 15% más que lo asignado el año pasado. Las prioridades de distribución de estos recursos son, en primer lugar, la producción cinematográfica y, en segunda instancia, la inversión en infraestructura física y tecnológica.

Siguiendo las Líneas
En materia de producción cinematográfica, La Villa ha avanzado mucho desde su fundación el 10 de mayo de 2006. Más de 20 películas entre ficción y documentales han sido producidas o están en proceso de ser culminadas.

Almarza asegura que ha habido un incremento progresivo, no sólo porque el presupuesto ha aumentado, sino porque los equipos de trabajo se han ido ajustando y entrenando para abordar la realización de un filme en unos 15 meses, sin sacrificar su calidad, al contrario, elevándola, al menos técnicamente hablando, hasta conseguir productos como el de “Ezequiel Zamora”, película dirigida por Román Chalbaud, a estrenarse a finales de año, la cual, a juzgar por el trailer, denota una calidad técnica y artística que nada tiene que envidiarle a producciones extranjeras de buena calidad.

Además de la línea histórica, bajo la cual se han producido películas como “Miranda Regresa”, “Boves El Urogallo” y “Ezequiel Zamora”, La Villa también tiene como prioridad producir filmes sobre infancia, género, luchas sociales y movimientos de reivindicación en Venezuela.

Almarza asegura que “la idea no es concentrar toda la actividad cinematográfica desde el Estado, sino asociarnos también con productores independientes en proyectos que puedan ser de su interés”. Es por ello que anualmente abren convocatorias para recibir ideas, desarrollar guiones y para coproducir largometrajes y cortometrajes.

Por estas vías, han llegado muchos de los cineastas jóvenes que gracias a La Villa del Cine han logrado realizar su ópera prima. Es el caso de José Antonio Varela con “La Clase”; Efterpi Charalambidis con “Libertador Morales, El Justiciero”; Anabel Rodríguez, Andrea Herrera y Andrea Ríos con “1, 2 y 3 Mujeres”, y Hernan Jabes con “Macuro”, entre otros.

Hacia 2010
Toda buena productora cinematográfica no está completa si no cuenta con el equipamiento requerido para filmar y terminar la película. De allí que una de las líneas estratégicas que se ha propuesto La Villa del Cine es la de adquirir equipamiento técnico para poder realizar algunos de los procesos asociados a la producción, muchos de los cuales, se hacen en el exterior actualmente.

“A final de 2010, deberíamos avanzar en una dotación física y tecnológica de alta calidad para agilizar nuestros trabajos y para ponerla a disposición del sector privado y de los independientes mediante la figura de coproducción. Ese año deberíamos estar realizando en La Villa, la mezcla de sonido, el sonido óptico y la captación y quemado de la película digital sobre formato 35mm. Teniendo estos procesos en casa se reducirían también gastos de alojamiento, traslado de nuestro personal y se estaría evitando la fuga de capital al exterior”, expresa la presidenta de la Fundación.

Otra ventaja de contar con equipamiento propio, según Almarza, es la optimización del presupuesto. Coloca como ejemplo los costos de algunas de las producciones que han adelantado: “´Miranda Regresa´ tenía un largo de 140 minutos y seis capítulos para televisión, y la inversión fue de 5.000.000 Bs.F., una relación de 22.000 Bs.F. el minuto, barato para los estándares de la industria y para la calidad de producción. ´La Clase´ costó 1.800.000 Bs.F., ´1,2 y 3 Mujeres´ costó 1.950.000 Bs.F. ´Macuro´ ha sido la más barata, con un presupuesto de 700.000 Bs.F. Están por debajo de los estándares de costos y en términos de calidad no tienen nada que envidiarle a otras películas que cuentan con más presupuesto”.

Hollywood en Guatire
No se trata de una frase despectiva. Es que, literalmente, por los pasillos de La Villa del cine han desfilado tres de los hijos más prodigiosos de la meca del cine: Sean Penn (Río Místico), Kevin Spacey (Belleza Americana) y Tim Robbins (Guerra de los Mundos).

“Los actores hollywoodenses han venido a ver lo que ocurre en Venezuela, en el proceso bolivariano, porque además de ser actores, productores y directores, son activistas políticos, dentro de sus países, contra las políticas imperialistas. Estando en Venezuela descubren que existe algo llamado Villa del Cine que está avanzando en estimular la producción propia”, señala Almarza.

Mucho se cuestionó la visita de estos personajes, a quienes pocos se imaginaron verles pasear por las calientes tierras guatireñas; ya que se especuló sobre la entrega directa de recursos del Estado para sus proyectos cinematográficos personales.

La presidenta de la Fundación no menciona dicha entrega de recursos sino la voluntad de colaborar con ellos: “En el caso de Sean Penn estaba avanzando en su segundo largometraje y le interesó de La Villa la posibilidad de contar con un destino cinematográfico, que en un futuro ofrecerá la prestación de servicio. Por su parte, a Kevin Spacey, le impacto el proyecto porque reconoce que es difícil ver que el Estado diera el dinero y la oportunidad a jóvenes para desarrollar su talento en el cine. Tim Robbins está avanzando en la producción de un largometraje en el que requiere de cierto tipo de locaciones desérticas, y a través de uno de sus productores, conoció La Villa y visitó algunas locaciones en Falcón que le pudieran servir para el desarrollo de su historia”.

A quién sí se le otorgaron unos recursos fue al menos talentoso Danny Glover. La prensa nacional habla de 18 millones de dólares, de los 30 que costará su película sobre el dirigente revolucionario haitiano Toussaint Louverture, a filmarse en venezuela en 2009. Almarza no menciona cifras, pero sí reconoce que La Villa está participando en dicha obra como coproductor.

“Se invierte en este proyecto y en otros que tienen proyección internacional, como ´Un Té en La Habana´ de Fina Torres; primero por un interés en términos temáticos, pero también con la idea de que se produzca en Venezuela, en locaciones venezolanas, que se generen empleos directos e indirectos y, más allá de los términos económicos, estratégicamente pensando en penetrar mercados internacionales con nuestras películas, las cuales son muy difíciles de colocar más allá de los Festivales independientes”, explica Almarza.

Un 20% del esfuerzo de La Villa está puesto en esta idea de la internacionalización, a través de la coproducción internacional, por lo que es muy probable que en los próximos años, se siga viendo desfilar, como en la alfombra roja, al star-system hollywoodense, eso sí, especialmente a aquellos que estén dispuestos a gritar a los cuatro vientos o en un Aló Presidente la frase bandera de La Villa: “Luces, Cámara, Revolución”.

Por Scarlett Ascanio.

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