Mercados Bursátiles: ¿Cuándo Regresará la Tendencia Alcista?

Este mercado bajista resulta particularmente difícil de interpretar, pero todo parece indicar que los problemas continuarán. Sin embargo, comienzan a surgir oportunidades para el inversionista a muy largo plazo.

El mercado bursátil se venía derrumbando lentamente ante la mirada perpleja de quienes más confiaban en él. La caída de 53% registrada en el promedio industrial Dow Jones desde octubre de 2007, aún con aislados y recientes episodios de recuperación, ha arruinado los planes de ahorros para estudios universitarios y jubilaciones de millones de inversionistas. Ha hecho descender continuamente las proyecciones de inversión a largo plazo de las fundaciones privadas y los fondos de pensión. Ha puesto a los expertos en compensación laboral a inventar fórmulas para recompensar a los empleados de mayor jerarquía. Así las cosas, más de 10 billones de dólares de patrimonio del mercado bursátil se han evaporado, y con ellos la confianza que genera la seguridad financiera.

Si bien 17 meses pueden parecer una eternidad, podrían resultar ser solamente un preludio. Las preguntas que ocupan la mente de los inversionistas, gerentes de cartera y altos ejecutivos abarcan tres aspectos: ¿Cuánto tiempo más durará el mercado bajista? ¿Hasta qué punto descenderán los promedios? y ¿Cuándo podrían recuperar su dinero los inversionistas?

Tal como lo advirtió Warren E. Buffett: "Cuidado con las fórmulas mágicas". Es particularmente difícil predecir la dirección de los mercados en estos días, porque los medidores utilizados con más frecuencia, desde las relaciones precio-ganancia hasta los indicadores de "capitulación" de los inversionistas, han dejado de funcionar. La singular naturaleza de este mercado bajista limita la caja de herramientas útiles a unos pocos indicadores de confianza en el mercado de bonos y los negocios.

Tales señales, así como entrevistas realizadas a historiadores financieros, estrategas de mercado y economistas, apuntan mayormente a escenarios difíciles. No parece probable que las acciones caigan mucho más del punto en el que se encuentran, pero la inestabilidad del mercado podría continuar durante meses o, incluso, años. Aun peor, para el momento en que el mercado se recupere completamente, es posible que hayan transcurrido tantos años que mucha gente mayor habrá traspasado sus acciones, perdiéndose el repunte. El otro lado de la moneda es que el dinero nuevo colocado en el mercado bursátil ahora pudiera tener un rendimiento comparativamente aceptable a largo plazo. Esa es una buena noticia para los veinteañeros y los asesores de compensación ejecutiva, pero quizás no para quienes están cerca del retiro.

En Busca de Precedentes
Como siempre, la historia no puede proporcionar muchas pistas con respecto a rumbo que tomará el mercado. Eso se debe a que mientras la mayoría de los mercados bajistas, más o menos, siguen la huella del ciclo económico, éste comenzó con un sistema financiero quebrado. Por tal razón, el mercado bajista actual se asemeja más al que se extendió de 1929 a 1932 que a otros de los últimos 100 años. Pero dicha analogía tampoco encaja perfectamente. "No tenemos buenos precedentes que nos ayuden", afirma Peter L. Bernstein, ensayista sobre temas de mercado e historiador financiero de 90 años de edad, quien era un adolescente durante la Gran Depresión. "Lo impresionante es la rapidez del descenso y su amplitud".

En esta ocasión, la ansiedad que reina en el mercado es particularmente alta debido al devastador incendio que azota a la economía. "Los próximos seis a nueve meses van a ser horribles", sostiene Desmond Lachman, del American Enterprise Institute. Aún están por suceder incumplimientos corporativos, ejecuciones de hipotecas de viviendas, quiebras de bancos y pérdidas de puestos de trabajo.

Naturalmente, el mercado bursátil ya sabe que, por lo que resta de 2009, la economía será un "desastre", para utilizar el calificativo empleado por Buffett recientemente. Los bajos precios actuales de las acciones pueden ser un perfecto reflejo de esas expectativas. El promedio industrial Dow Jones ya ha caído por debajo del nivel de 7.000 puntos pronosticado a principios de este año por Nouriel Roubini, el economista de la Universidad de Nueva York apodado “Dr. Fatídico” por haberse atrevido, en 2006, a predecir la calamidad crediticia. Así es, hasta el “Dr. Fatídico” fue demasiado optimista.

Si la historia reciente pudiera utilizarse como una guía confiable, ya sería hora de que el oso se retirara a su cueva, que en estos tiempos podría incluir un televisor pantalla plana de cristal líquido y una poltrona de cuero, adquiridos en un remate judicial por ejecución hipotecaria. El descenso promedio del mercado, durante períodos de tendencia a la baja desde el colapso de 1929, es de tan sólo 30%. Además, los osos del pasado duraron un promedio de 13 meses, lo que hace que el actual no sólo parezca goloso sino también longevo.

El hecho es que no se trata de una recesión ordinaria. Incluso, el medidor más básico del mercado, la relación precio-ganancia, que mide el precio de la acción de una compañía en relación con los beneficios que genera, ya no es confiable. Históricamente, el mercado ha funcionado con precios que promedian ganancias 15 veces mayores, abarcando desde 8, durante los peores mercados bajistas, hasta 25 o más durante rachas alcistas. Al comienzo del año, la relación precio-ganancia se ubicaba alrededor de 11, lo que sugería que las acciones ya estaban bajas y no caerían mucho más. Sin embargo, el índice bursátil Standard & Poor's 500 retrocedió un 19% en enero y febrero, convirtiéndose en los dos peores meses de apertura registrados hasta la fecha.

¿Por qué resultaron tan equivocadas las proyecciones de relación precio-ganancia? Los beneficios van en picada, generando un desplome de 18% en enero y febrero solamente, de acuerdo con Thomson Reuters. En consecuencia, aunque el mercado bursátil ha caído, no se ha vuelto más económico en relación con las ganancias.

Obviamente, muchas utilidades se evaporaron en medio de una niebla de acusaciones singulares que podrían no decir nada sobre la capacidad futura de las empresas para generar beneficios. Pero los analistas aún no ven a través de esa niebla; nunca en las últimas dos décadas sus proyecciones de ganancias habían sido tan esporádicas. "No se sabe cuál es la ganancia, porque la economía va en caída libre", afirma Charles Biderman, director ejecutivo de la firma TrimTabs Investment Research.

La crisis crediticia ha ocasionado que otros indicadores del mercado, normalmente confiables, resulten inútiles, destacando entre ellos la política monetaria, o sea, las decisiones de la Reserva Federal de subir o bajar su tasa de interés referencial. Antes de la depresión actual, la tasa de los fondos federales fue un indicador confiable en todos menos uno de los mercados bajistas desde la Segunda Guerra Mundial, señala James B. Stack, presidente de InvesTech Research y Stack Financial Management.

Cuando la economía se desaceleró, la Fed comenzó a recortar las tasas en un intento por reactivar el ciclo económico. Después del segundo recorte, los inversionistas se animaron a comprar, anticipando mayores ganancias corporativas. Sin embargo, la Fed ha reducido las tasas 10 veces desde agosto de 2007, prácticamente hasta cero, pero la economía y el mercado bursátil continúan en descenso. "La Depresión es lo único que se puede asociar a la falta de efectividad de la política monetaria", sostiene Stack. La economía estadounidense sigue cayendo, porque demasiados prestatarios no quieren pedir prestado y demasiados prestamistas no tienen el capital o el coraje para prestar.

Las mediciones de capitulación, el término empleado por Wall Street para el momento final de una liquidación cuando los últimos inversionistas débiles desisten de comprar acciones, tampoco están funcionando. La idea es que una vez que los operadores tambaleantes quedan fuera, los que sobreviven son lo suficientemente fuertes para impulsar el precio de las acciones. Las rachas alcistas comienzan en esos momentos.

Los conocedores del mercado intentan rastrear la capitulación al examinar las estadísticas de días con gran volumen de ventas y comparar la intensidad con la de liquidaciones anteriores. Muchos creyeron ver la capitulación en septiembre del año pasado, dice Eric C. Bjorgen, analista senior de la firma Leuthold Group, de Minneapolis. "Pero entonces el mercado siguió cayendo", agrega Bjorgen. "El miedo extremo no fue un buen indicador".

Las señales bajistas se acentuaron aun más con las ventas de noviembre, después de las cuales el mercado registró un repunte de 24%. Pero luego volvió a retroceder. Según Biderman, de TrimTabs, eso se debe a que una gran parte de las ventas correspondió a fondos de alto riesgo que habían estado utilizando dinero prestado, lo cual no fue un factor importante en anteriores mercados bajistas.

Otra señal que resultó ser engañosa es el "dinero disponible inmovilizado", es decir, los fondos colocados en cuentas de mercado monetario y cuentas de ahorros. En situaciones normales, los estrategas, con cierta seguridad, considerarían el dinero de estas cuentas como poder adquisitivo que los inversionistas estarían reservando para aplicarlo al mercado bursátil.

Mientras mayor sea el dinero disponible en comparación con el valor del mercado en general, mayor impacto podría tener en las acciones. En enero, esta lectura alcanzó sus niveles más altos desde 1984, dice Bjorgen. Aun así, se muestra dubitativo. Mientras los inversionistas estén preocupados por sus propios ingresos, señala, lo más probable es que el dinero permanezca donde está.

Biderman, el ejecutivo de TrimTabs, que hace seguimiento a la forma como los inversionistas mueven su dinero entre las distintas clases de activos, dice que no ve muchas posibilidades de que este efectivo fluya hacia las acciones con la debilidad que exhiben actualmente los mercados laboral y de vivienda. Él estima que los inversionistas han retirado más dinero del mercado bursátil que el que han puesto en sus cuentas de caja. "Algunos se han visto obligados a vender acciones para comer", afirma Biderman. "Indudablemente ellos no van a comprar Google aquí".

Ante la poca efectividad de la mediciones históricas regulares, los expertos miran más hacia atrás en busca de pistas. Durante la Gran Depresión, el Dow se derrumbó 89% desde el colapso de 1929 hasta julio de 1932. Posteriormente, experimentó algunas recuperaciones considerables antes de perder 49% en 1937-1938 cuando la economía volvió a estancarse. Luego vino la Segunda Guerra Mundial, atizada en parte por las presiones financieras que existían en el mundo entero. El Dow no volvió a registrar el récord alcanzado en 1929 hasta 1954.

Por supuesto, muchas cosas han cambiado en EE.UU. desde la Gran Caída. En aquel entonces, Washington cometió graves errores estratégicos, como erigir barreras comerciales y permitir que demasiados bancos quebraran sin proteger a los depositantes. En esta ocasión, con algunas excepciones, el Gobierno de Barack Obama no ha errado tanto, aunque aún no ha resuelto los numerosos problemas de la economía.

Por ello, este mercado bajista, probablemente, no pueda compararse con el de la Gran Depresión, pero este tipo de mercado, durante otras crisis bancarias, ha sido brutal de por sí. En un estudio reciente de 21 de estos episodios en todo el mundo, incluyendo los registrados en España en 1977, Suecia en 1991 y Tailandia en 1997, los profesores Carmen M. Reinhart, de la Universidad de Maryland, y Kenneth S. Rogoff, de la Universidad de Harvard, encontraron que las acciones cayeron un promedio de 56%, la misma pérdida que sufrió el índice S&P 500 hasta el 3 de marzo.

Esos mercados bajistas también fueron agonizantemente lentos, tardando un promedio de 3,4 años para tocar fondo. "Todo es prolongado", señala Reinhart. "En el escenario del mejor caso, estamos hablando de seis años o más" para regresar a los altos niveles del pasado. Aunque parezca muy negativo, se podría comparar favorablemente con el caso de Japón, cuyo índice Nikkei alcanzó 38.900 puntos en 1989 y ahora se encuentra alrededor de los 7.200.

Desde luego, el hecho de que los inversionistas hayan perdido dinero en el mercado bursátil no significa que este tipo de inversión tenga que ser, per se, una mala opción de ahora en adelante. "Las acciones no serán iguales a las de los últimos 10 años, pero pueden tener un rendimiento extremadamente positivo partiendo del punto en el que nos encontramos", dice Jeremy J. Siegel, autor de Stocks for the Long Run y profesor de la Escuela Wharton de la Universidad de Pensilvania.

Siegel afirma que, aunque el rendimiento de las acciones ha caído por debajo del retorno de los bonos del Gobierno durante los últimos 20 años, la historia indica que lo más seguro es que ese fenómeno se revierta. Este experto sólo ha encontrado un período de 30 años en el que las acciones devolvieron menos que los bonos, el cual finalizó en 1861. "Eso nos dice que una vez que se ha retrocedido un 50%, aquéllos que estén en los mercados bursátiles de 10 a 15 años recibirán beneficios mucho mejores", sostiene. Últimamente, los precios de los bonos del Gobierno estadounidense han subido, lo que refuerza las probabilidades de que las acciones sean una mejor apuesta en el futuro.

Entonces, ¿en dónde buscar señales de una incipiente recuperación? Un lugar lógico es el mercado de deuda corporativa, el cual conoce, de primera mano, los problemas fundamentales de la economía. A la larga, el ritmo de los nuevos incumplimientos de bonos corporativos disminuirá, y las deudas incobrables se reducirán o eliminarán con reorganizaciones financieras o bancarrotas. Cuando eso suceda, la economía y el mercado bursátil deberían respirar mejor.

Algunos analistas cuantitativos aún observan poca evidencia de que eso suceda. "Las probabilidades de que este mercado bajista continúe son de entre 60% y 70%", indica Robert D. Arnott, presidente de Research Affiliates, una firma de Pasadena (California) que administra 25.000 millones de dólares. Jeffrey E. Gundlach, director general de inversiones de la administradora de dinero, TCW Group, de Los Angeles, dice que el mercado de los bonos basura, que comúnmente sigue la huella del mercado bursátil, se encamina a nuevas bajas.

Otro factor crítico es la salud del sistema bancario. Un indicador que se debe observar es el denominado patrimonio neto de los bancos; es decir, la diferencia entre lo que deben y el valor de sus activos. Reconstruir el patrimonio neto del sistema bancario será una tarea monumentalmente difícil. "En promedio, este proceso tarda alrededor de seis años", afirma Joseph Mason, profesor de banca y finanzas en la Universidad del Estado de Louisiana, que ha estudiado las crisis bancarias del pasado. Hasta ahora, poco se ha logrado, y esa es una de las grandes razones por las que el mercado bursátil sigue hincado de rodillas.

Pendientes de los Ejecutivos
Las decisiones sobre las políticas del Gobierno de Estados Unidos podrían acelerar o desacelerar el ritmo de rehabilitación de los bancos y, a su vez, el mercado bursátil. David A. Hendler, analista bancario de CreditSights, en Nueva York, señala que su trabajo ha cambiado de analista financiero a analista de Washington. Esencialmente, su trabajo consiste en calcular en cuánto tiempo el Ejecutivo federal permitirá que los bancos débiles se consoliden. Cuando los inversionistas crean saber cuáles bancos sobrevivirán, comprarán sus acciones.

El proceso es tan crítico para el mercado bursátil que Richard Bernstein, estratega jefe de inversiones de Merrill Lynch, hace seguimiento a seis señales de consolidación de la industria financiera. Entre ellas: la medida en que el Gobierno interviene y vende los bancos insolventes, en lugar de inyectarles recursos para levantarlos.

Otros estrategas están muy pendientes de las personas que realmente saben lo que sucede en la economía: los líderes empresariales. Según Biderman, las corporaciones habrán recuperando la confianza una vez que comiencen a recomprar sus propias acciones y adquirir las de otras compañías. En estos momentos no exhiben ese comportamiento. Los anuncios de recompras de acciones están 90% por debajo del nivel registrado hace un año, lo cual deja a ese termómetro del mercado prácticamente sin mercurio.

A la postre, el momento en que los osos se replieguen probablemente dependerá del gran imponderable del mercado: la psicología. El estado de ánimo de los inversionistas tiene mucho que ver con que comiencen a considerar las señales cruzadas como una prueba de que lo peor ya ha pasado. "La presión [del mercado] hace que la parte analítica de nuestro cerebro se cierre, y eso nos hace reaccionar exageradamente ante las malas noticias", comenta Michael A. Ervolini, director ejecutivo de Cabot Research, una firma de consultores que atiende a inversionistas institucionales. La gente se convence de que las condiciones son las peores posibles, dice. Sólo cuando se percatan de que han reaccionado con exageración es que las cosas pueden mejorar: "Esperamos que el mercado comience a decir ‘mañana será mejor’".

Por ahora, el pesimismo lleva la batuta. En el escenario del peor caso, las deudas irrecuperables seguirán pesando sobre prestatarios y prestamistas para ocasionar una desaceleración aun mayor, la cual erosionará los ingresos y empujará a más prestatarios al borde del abismo. Las economías y las empresas de todo el mundo se debilitarán y crisparán aun más los nervios de los inversionistas y los directivos de las compañías.

Tales temores han llevado a Ben McCoy, ingeniero de software de 30 años de edad, a descartar cualquier nueva inversión en acciones. En cambio, está destinando el dinero a las actividades de su propio negocio, como, por ejemplo, crear software para valuadores de bienes raíces y un blog sobre finanzas personales, llamado moneysmartlife.com. "Con estas inversiones, siento que tengo más control", opina McCoy.

Más “Ben McCoys” podrían indicar que se acerca un repunte. Según Bernstein, de Merrill, el momento en que el mercado toca fondo, "generalmente ocurre cuando todos piensan que nunca sucederá. Lo que se espera es escuchar que la gente desista del tema de las ‘acciones a largo plazo’".

No obstante, algo positivo debe atraer de nuevo a los inversionistas. El economista George A. Akerlof, premio Nobel de la Universidad de California en Berkeley y coautor de un nuevo libro, junto con el profesor de Yale, Robert J. Shiller, sobre la importancia del aspecto emocional en la movilización de los mercados, opina que, para que los inversionistas vuelvan a comprar, se les deberá vender una historia nueva en la que puedan creer.

Probablemente, esa nueva historia tendría que incluir capítulos como: las deudas corporativas y de consumo se reducen a niveles que los prestatarios pueden pagar; esas obligaciones están libres de los errores del pasado, de modo que se puede dar un uso productivo al dinero nuevo; los bancos comienzan a emitir nuevos préstamos; y el mercado bursátil toca fondo, indicando que la recesión pronto llegará a su fin. El naciente optimismo revierte el círculo vicioso de las pérdidas. Emerge un mercado alcista.

Un resultado más probable es el que se obtiene de la cruda historia de los mercados bajistas que derivaron de crisis financieras. En este escenario, la tendencia a la baja pierde fuerza gradualmente hasta que se produce el giro alcista, con nuevas crisis crediticias y la implementación de políticas de ensayo y error, por parte del Gobierno, hasta que la situación se vuelve a encauzar por el camino correcto. Eso podría significar dos años más de inestabilidad y luego otros seis, aproximadamente, antes de que el Dow vuelva a superar los 14.000 puntos. Hasta hace poco, ese resultado habría parecido inimaginablemente sombrío. Dadas las otras posibilidades, hoy no parece ser tan negativo.

Por David Henry.
Henry es redactor senior de BusinessWeek.
Con la colaboración de Tara Kalwarski, Ben Levisohn, Amy Feldman, Peter Coy y Mara Der Hovanesian en Nueva York y Christopher Palmeri en Los Angeles.

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