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Cómo Sobrevivir a un Adolescente

La adolescencia es un período plagado de complejidades físicas y psíquicas para los jóvenes. Sus padres deben convertirse en aliados estratégicos, sin excesos autoritarios ni tampoco asumiendo la “hipócrita actitud de ´padre-pana´”.

César Landaeta. “Un adolescente es un niño al que le crece el cuerpo y la mente, pero mantiene mucha de su emocionalidad infantil”.

Desorden, escándalo y sublevación son sólo algunas de las ideas que se asocian al adolescente, eso sin contar los innumerables dolores de cabeza que suelen provocar a los padres. La gran interrogante que se presenta es por qué se están rebelando, aunque, claro está, también es preciso conocer en detalle por cuáles situaciones particulares están pasando para tener tal comportamiento.

Algunas definiciones clásicas conceptualizan la adolescencia como la edad en la cual la persona desarrolla completamente su organismo, dejando atrás a la niñez, pero esta parece ser una simple definición.

El psicólogo cínico especializado en Juventud y Familia, César Landaeta, se expresa con respecto a la adolescencia, a pesar que, como él mismo dice, “lamentablemente no se ha dedicado demasiada literatura a esta etapa tan interesante del hombre”, y añade que, para él, “un adolescente es un niño al quien le crece el cuerpo y la mente, pero mantiene mucha de su emocionalidad infantil”.

Asimismo, el experto en este campo, con más de 20 años de experiencia, explica que lo que distingue, básicamente, la entrada de los niños a la adolescencia son los cambios fisiológicos. Por eso, enuncia los padecimientos adolescentes, con énfasis en el género masculino, por ser ellos, los varones, quienes sufren y enfrentan más cambios que la mujer.

Sin embargo, corresponde comenzar por ellas. Para las niñas, “la adolescencia comienza entre los 11 y 12 años de edad, y suele aparecer con el botón mamario y el vello púbico”, aunque se registran otras manifestaciones, como el cambio en la estatura, las transpiraciones que no existían previamente, el ensanchamiento de caderas y los períodos menstruales.

En el caso de los hombres, el asunto parece complicarse un poco más. Se producen cambios primarios de la voz y, a partir de los 12 años, empieza la aparición del bello púbico y corporal. Además, aumenta el tamaño de sus genitales externos y les empieza a crecer una barba más bien aleatoria que uniforme, que no saben si afeitar o no.

Pero eso no es todo, también suelen sufrir de acné, transpiran y crecen en estatura, al igual que las mujeres, y en ese proceso se les estiran los pies y las piernas, aumenta la densidad de sus huesos, su peso y, mientras tanto, los músculos aún no están preparados para resistirlo. Por esta causa, tantos jóvenes adolescentes parecen desganados o cansados permanentemente, y la mejor prueba de ello es cuando arrastran los pies, comenta el doctor Landaeta.

Estos son los cambios por los que todo ser humano pasa, pero no los únicos. Una gran carga emocional los acompaña con símbolos de interrogante: ¿Quién soy?

El Shock Emocional
Los jóvenes ahora lucen como adultos y saben manejar mucho mejor su instrumento intelectual, pero sus emociones se quedaron en etapas anteriores de desarrollo. Esto hace que frente a los cambios físicos que el adolescente observa en sí mismo se provoque un choque entre lo que parece que es y lo que es realmente. Se produce una sensación que se asemeja a una carencia de identidad y es entonces cuando la necesidad desaforada por encontrarla comienza.

El especialista en adolescentes autor del libro, “El Adolescente Hoy”, publicado en 1998, habla sobre esta etapa: “Por lo general, se produce una crisis interna de identificación con su imagen corporal, de su identificación como persona. Por eso es que muchas veces ellos ejercen conductas regresivas hacia una condición conocida previamente”, y añade posteriormente: “si yo veo que me estoy convirtiendo en una cosa extraña, prefiero regresarme a una figura donde yo era mas estable”.

La ansiedad que se padece es enorme, es el miedo que les produce no saber en qué se van a convertir y, en esta fase, muchos rechazan el cambio y su propia identidad a través de acciones como afeitar su vello corporal, sin pensar en el riesgo de cortaduras que esto puede ocasionar.

Refugiarse en un grupo de amigos, sus fantasías, la música o un ambiente protector que les impida el contacto con lo que está afuera, también es una constante. En este proceso la identificación con los ídolos de la música, el cine o los deportes se hace frecuente, pero también el ímpetu de no doblegarse a la voluntad de nadie, ni siquiera a la de los padres.

Pero, por si no fuera poco, en medio de todo este escenario, las hormonas sexuales, el estrógeno en el caso de la mujer y la testosterona en el de los hombres, también desempañan un papel fundamental en emociones desconocidas que aún son difíciles de comprender y manejar.

Lo que queda en el muchacho adolescente es desconocimiento y despersonalización, dice Landaeta, razón por la cual los padres deben estar atentos y acudir a ellos cuando sea necesario. En cambio, en el caso de las mujeres, se observa como éstas, por el contrario, suelen ser incluso más seguras. Pareciera que ellas no atravesaran la dramática crisis del género masculino y es así: su cambio se basa en la redondez que va adquiriendo su cuerpo.

Cuidado: Señales de Alerta
Algunos puntos que conviene tomar en cuenta sobre la adolescencia es que durante esta edad los jóvenes son exageradamente propensos a la depresión, sentimiento que difícilmente expresan como lo que es, porque en muchas ocasiones lo somatizan, a través de rebeldía, rabia o mal humor.
El hecho es que todo padre debe mantenerse pendiente de los cambios que activen las alertas del adolescente. Pues, también es a esta edad cuando se quiere actuar impulsivamente. Por lo general, los jóvenes creen que pueden atreverse a todo, porque tienen un pensamiento omnipotente y creen firmemente que nada malo les va a suceder. En esta etapa, los adolescentes son propensos a la dramatización excesiva de sus emociones, por lo que pueden caer en situaciones de drogas, alcohol y tabaquismo por intentar parecerse a algún grupo.

Crisis Versus Crisis
Visto de este modo, pareciera que los padres son los que deben comprender y llevar con calma el proceso del período de la adolescencia de sus hijos, asumiendo este cambio radical que Landaeta asemeja a la metamorfosis, obra de Franz Kafka.

Sin embargo, lo que nadie parece tomar en cuenta es que, en muchos casos, los adultos también están atravesando por una crisis importante. “La gente se casa alrededor de los 25 ó 30 años de edad, y cuando los hijos están en la adolescencia, los padres tienen más o menos 42 años; es decir, que la crisis de la media vida choca muchas veces con la crisis que está presentando el adolescente”.

Se trata de una edad madura en la cual el adulto intenta estabilizarse económica y socialmente, pero además debe lidiar con un personaje que quiere imponer sus propias normas, vestirse diferente y que, con frecuencia, cambia drásticamente de humor.

El panorama no se presenta muy alentador, pero es importante e indispensable aprender a lidiar con ellos, los adolescentes. El primer paso es que los padres entiendan que “necesitan un sistema de evolución mental que les permita comprender, en todo lo que ese verbo implica, que sus hijos están librando sus propias luchas definitivas para encontrar su identidad”.

César Landaeta asegura que los padres no han evolucionado mucho y que, por el contrario, existe mucha gente que vive en una larguísima adolescencia, no entiende a los jóvenes y pelea con ellos, tratando de imponerles normas absurdas.

“Es allí cuando surge la rebeldía, cuando no entiendes que debes tener flexibilidad para afrontar esos cambios y tratarlos inteligentemente y no con una pasión desmedida, lanzando gritos, regañando y castigando”.

Los padres y los hijos deben actuar como aliados estratégicos para lograr una relación ganar-ganar. Los progenitores deben dejar de un lado el sistema opresor y el trato hipócrita, entendiéndose este último como la actitud del “padre pana”, que apoya a sus hijos en lo que él está de acuerdo o en lo que puede participar, pero que se convierte en un padre autoritario en el momento cuando las cosas ya no le convienen. Landaeta expresa al respecto: “de esta forma, el padre ofrece al adolescente una especie de lección de hipocresía, porque es amigo suyo cuando a él le conviene y cuando su hijo hace lo que a él le gusta, nada más”.

La Negociación es Parte del Juego
Ya se sabe qué cosas no deben hacerse para lidiar con el adolescente y parece que una buena estrategia es la negociación. De este modo, el padre no queda sumiso ante las normas que el joven quiere imponer, en su búsqueda de identidad e independencia, y éste último modera la rebeldía que sólo aparece cuando hay sistemas de opresión.

La premisa de esta negociación debe ser, entonces, una relación ganar-ganar, donde ambas partes reciban beneficios. El psicólogo clínico, especialista en adolescencia, explica que los padres deben poner resistencia para que sus hijos no hagan todas las cosas que quieren, muchas de ellas, llegar a la casa con cierto nivel elevado de alcohol en la sangre o, simplemente, a la hora que les provoque.

Pero así como la resistencia es válida, también debe haber inteligencia para hacer que los jóvenes se identifiquen con las normas que sus padres necesitan imponerles y entiendan que hay normas sociales que deben ser cumplidas, porque las sociedades también tienen sus límites.

“Los padres lo que tienen que hacer es negociar constantemente, llegar a un punto intermedio donde todos estén complacidos, porque donde termina la libertad de uno comienza la del otro”.

Por María Inmaculada Sanseverino.

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