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VIDA GERENTE
/ PERFILES
Una Memoria De Ocho Décadas
Oscar Yánez ha incursionado en muchos campos, desde la política
hasta el humorismo, pero siempre se ha definido como un periodista atento
a las vueltas más insólitas y sensacionales de la realidad.
Con 80 años de vida y más de 60 de trayectoria, se ha convertido
en un icono de la cultura popular.
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Fotografía
por Juan Toro |
| Oscar
Yánez. “El periodismo que hacíamos
nosotros era otra cosa. No existía esa vorágine de
acontecimientos que se produce hoy”. |
Quizás
por defecto de oficio, Oscar Yánez anticipa las preguntas y complementa
los comentarios de sus propios entrevistadores. Con 80 años, aún
se mantiene “vibrando”, un verbo que él mismo impuso
a la jerga periodística, así como aquella expresión
de “cubrirse de gloria”, aplicada a cualquier reportero que
se anotara un “tubazo” o exclusiva.
Así son las cosas. Las anécdotas salen solas y son parte
integrante de la conversación de Yánez, quien ahora ocupa
un cargo directivo en Venevisión y, de vez en cuando, aparece como
entrevistador. Mantiene, además, su programa “Así
son las cosas”, donde regresa sobre episodios sorprendentes de la
cotidianidad venezolana.
Se define como un cronista y, desde ese oficio, ha escrito una obra de
gran éxito de ventas, comenzando por “Memorias de Armandito”,
hace más de 20 años, y siguiendo con títulos como:
“Los años inolvidables”, “Del Trocadero al Pasapoga,
historias de mujeres buenas” y “Hoy es mañana o las
vainas de un reportero muerto”, entre otros, que se complementan
con la serie “Así son las Cosas”.
Además de estos libros sobre períodos de la historia contemporánea,
donde se mezcla la realidad cotidiana, reflejada en la prensa de la época,
con tramas ficticias, Yánez también es autor de célebres
reportajes como: “La vida íntima de Leo”, “Cosas
de Caracas” -donde rescata las memorias de René Deloffre,
un empresario de cabaret y amigo del poder, muy importante en los años
´40- así como “Por qué yo maté a Delgado
Chalbaud”, donde habla Pedro Antonio Díaz, el autor material
del asesinato del coronel Carlos Delgado Chalbaud, en 1950, el único
magnicidio que se ha registrado en la historia de Venezuela.
De los Caimanes al Hombre en La Luna
Oscar Yánez dice que Últimas Noticias, aquella que fundaron
Francisco “Kotepa” Delgado, Victor Simone De Lima y Pedro
Beroes, en 1941, fue la primera y la mejor escuela de periodismo para
“toda una generación de muchachos que inició y construyó
el periodismo moderno en Venezuela”.
“Chico, ahí se daba un fenómeno sorprendente: Resulta
que los fundadores del periódico eran comunistas, y habían
sido expulsados del país por el general López Contreras
por esa condición, pero eran fanáticos del periodismo estadounidense.
En la redacción de Últimas Noticias fue donde se habló
por primera vez del ´lead´, con Francisco J. Ávila,
quien fue el verdadero precursor del periodismo profesional en Venezuela.
Nosotros salimos a la calle como la primera generación de periodistas
formados en una universidad libre que se llamaba ´Augusteo´,
fundada por un cura llamado Monseñor Lovera. Los periodistas experimentados
-porque ahora no se puede hablar de veteranos, ya que es una mala palabra-
nos tenían mucha desconfianza”, recuerda.
Yánez llegó al periodismo inspirado por su padre, Armando
Yánez, quien tenía una gran habilidad para narrar historias
cotidianas con mucho colorido. “Yo pensaba que el viejo inventaba
esos cuentos, pero resulta que me ocurrió una cosa sorprendente:
estando en Ciudad Bolívar, pude revisar los archivos de un periódico
que se llamaba ´El Luchador´ y comprobé que uno de
los cuentos más insólitos del viejo era verdadero, que mi
padre no inventaba nada. Ese cuento era el de los caimanes de la retreta”.
Y va de cuento: “Resulta, chico, que era muy común que los
jóvenes caraqueños muy pobres, decidieran irse de sus casas
para ´correr fortuna´, como se decía entonces, en el
interior del país, donde todo estaba por hacer. Mi padre decidió
irse a Ciudad Bolívar, en medio del terror de la familia, porque
se lo iban a comer los indios -entonces, la gente pensaba que todos los
indios eran medio caníbales-, al extremo que mi abuela le prendió
velas cuando se fue y lo encomendó al Corazón de Jesús
y al doctor (José Gregorio) Hernández para que lo cuidaran.
Bueno…resulta que el viejo contaba que la gente iba con bastones
a la retreta en Ciudad Bolívar y él no se explicaba por
qué. El asunto era que los caimanes salían del río
y se mezclaban con la gente, por lo que había que espantarlos a
bastonazos, durante las interpretaciones musicales. Imagínate,
chico, a una gente, con sus mejores galas domingueras, cayéndoles
a palos a unos caimanes. Dime si eso no es sensacional. Por eso, en Ciudad
Bolívar había más de un músico mocho”.
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| Marcos
Pérez Jiménez. El ex dictador le dijo a Oscar
Yánez que le interesaba más el concreto que el poder. |
Cuando
Neil Amstrong puso el primer pie humano en la luna, como comandante de
la misión Apolo 11, el 20 de julio de 1969, y dijo aquella frase:
“este es un pequeño paso para un hombre, pero un gran salto
para la humanidad”, los venezolanos vieron y escucharon los pormenores
de aquel acontecimiento extraordinario con la vibrante narración
de Oscar Yánez. ¿Quién podría hacerlo mejor
que un periodista que había hecho de lo sensacional su marca de
fábrica?
Yánez había sido pionero en el periodismo para televisión,
siguiendo los patrones estadounidenses para la cobertura de hechos noticiosos.
Ya, en aquellos días, el componente espectáculo era vital
para presentar las noticias y Yánez se sentía cómodo
con esos códigos.
Sin
embargo, el gran acontecimiento que recuerda como su cobertura más
memorable fue el golpe de estado del 11 de noviembre de 1948, cuando una
junta militar, presidida por Carlos Delgado Chalbaud, depuso del poder
al presidente Rómulo Gallegos, electo popularmente en diciembre
de 1947. Antes del golpe, pudo hablar, en exclusiva, con dos de sus mayores
protagonistas, el entonces mayor Marcos Pérez Jiménez y
Delgado Chalbaud.
“Ese Muerto No es Mío”
Con 80 años de vida y más de 60 de ejercicio periodístico,
sorprende que Oscar Yánez tenga tan bien definidos sus afectos
de oficio. Sin duda, dice que Rómulo Betancourt es el personaje
más interesante que le ha tocado entrevistar y reivindica, sin
matices, su importancia en la historia contemporánea, a pesar de
haberlo adversado políticamente.
En la otra acera de sus afectos se ubica Marcos Pérez Jiménez,
a quien recuerda como un hombre soberbio y prepotente -“la verdad,
Betancourt también tenía lo suyo, era un hombre muy apretado”,
rememora como paréntesis-, por lo que su gobierno tenía
ese carácter sobrado.
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| Rómulo
Betancourt. Para Yánez es el personaje más
interesante que ha entrevistado, a pesar que era “un hombre
apretado”. |
Como
hecho curioso, Yánez recuerda con claridad un encuentro posterior
con el ex dictador, cuando pudieron hablar en tono de confidencia: “Allí
Pérez Jiménez me dijo que no tenía un interés
real por la Presidencia de la República, que a él le gustaba
sólo el aspecto de la ingeniería, de las obras públicas,
pero la política no le atraía personalmente. Me dijo que
él no había podido ordenar el asesinato de Delgado Chalbaud,
porque estaba de acuerdo con que siguiera en el Poder. Insistía
en que era un militar profesional, que sólo estaba interesado en
satisfacer las reivindicaciones de las Fuerzas Armadas…Me dijo que
ese muerto no era de él”.
Efectivamente, Pérez Jiménez no hizo ningún esfuerzo
para suceder al mandatario asesinado, lo cual, además, habría
sido de una torpeza política supina, ante la sospecha que recorría
el país. El civil Germán Suárez Flamerich, entonces
embajador en Perú, asumió la presidencia de la Junta, ahora
cívico-militar, “aunque sólo de nombre”, recuerda
Yánez. En todo caso, Pérez Jiménez tomará
el poder absoluto en 1952, tras el fraude electoral cometido en los comicios
constituyentes que ganó Unión Republicana Democrática.
Por supuesto, el presidente Hugo Chávez se ha incorporado a su
galería de personajes “incómodos”. A Yánez
le tocó hacer una de las entrevistas más recordadas en la
primera campaña electoral del actual mandatario, en 1998, en su
programa “La Silla Caliente”. La conversación fue ardorosa
y polémica y el periodista se salió de sus casillas, en
algún momento, debido a lo que recuerda como “un error de
producción”, cosa que Chávez aprovechó con
habilidad para ganarle el lance.
Lo
Sensacional No es Amarillo
El estilo de hacer periodismo de Oscar Yánez ha sido siempre muy
polémico. Es un cultor, sin rubor alguno, del periodismo sensacional,
una técnica siempre asociada a la manipulación no ética
de la información. Criticado en medios académicos, y dejado
de lado por casi toda la prensa, el sensacionalismo es una suerte de “género
proscrito” que Yánez se empeña en defender.
“El sensacionalismo no es amarillismo y mucha gente se confunde
con eso. El sensacionalismo es una manera de presentar la noticia, mientras
que el amarillismo es una postura moral, o mejor, inmoral. Se hace amarillismo
cuando se fabrica una información vendedora con fines mercantiles,
sin que esa noticia tenga una base real. El sensacionalismo, en cambio,
no es inventar o cambiar la realidad, sino presentarla con impacto e imaginación.
Hemingway hacía eso. “El Viejo y el Mar” es un reportaje,
pero Hemingway le añadió ficción y drama. Imagínate,
chico, un viejo indefenso peleando con unos tiburones y los derrota”.
ACLARANDO
CONCEPTOS. “El sensacionalismo no es amarillismo y mucha gente
se confunde con eso. El sensacionalismo es una manera de presentar
la noticia, mientras que el amarillismo es una postura moral, o
mejor, inmoral. Se hace amarillismo cuando se fabrica una información
vendedora con fines mercantiles, sin que esa noticia tenga una base
real”. |
Y
va de anécdota: “El viejo Yánez contaba que en las
costas de Puerto Cabello salía un pulpo que se llevaba siempre
a un pescador. La gente estaba aterrorizada y lo llamaban el ´pulpo
de El Palito´. Habría que ver si eso era verdad. Hace poco,
ocurrió que un caballero se despertó cuando le iban a hacer
la autopsia y al médico casi le dio un shock. ¿Te imaginas
eso, chico? Un buen reportero podría preguntarse a cuántas
personas le habrán practicado las autopsias de rigor en las mismas
condiciones”.
Investigación
A juicio de Oscar Yánez, la principal falla del periodismo actual
es la ausencia de investigación y seguimiento de las informaciones.
Dice que los reporteros no tienen tiempo ni recursos para hacer ese trabajo.
“Por ejemplo, frente a una cosa tan importante como la reconversión
monetaria, lo que se ve es que la mayoría de los periodistas repite
lo que dicen los boletines oficiales, y no se aborda una investigación
en profundidad sobre por qué se toma esa medida, para qué
se toma y cuáles serán sus efectos. Esa historia de que
los ceros complican las cuentas…¿es verdad o no?”.
Yánez, sin embargo, se confiesa admirador del tesón y el
arrojo de las nuevas generaciones de reporteros. El mercado de la noticia,
a su juicio, se ha hecho más complejo y, en consecuencia, las exigencias
sobre los periodistas son mucho mayores.
“El periodismo que hacíamos nosotros era otra cosa. Sí,
hubo golpes de estado, alzamientos y había delincuentes, como el
célebre ´Petróleo Crudo”, que yo tantas veces
cubrí, pero no existía esa vorágine de acontecimientos
que se produce hoy. Muchos medios tienen un solo reportero para una fuente
completa, entonces: ¿Cómo se les puede pedir que investiguen
y profundicen?”, señala.
Con 80 años “muy bien llevados”, Oscar Yánez
sigue siendo un personaje activo de la actualidad venezolana, como escritor,
periodista y hasta humorista, pues se ha montado en las tablas con varios
de los humoristas más importantes del país, como parte de
shows muy exitosos.
Su voz, sus típicas expresiones, su estilo particular de abordar
las entrevistas y los personajes, y su escritura siempre apegada al periodismo
sensacional, forman ya una parte indisoluble de la cultura popular venezolana;
sin embargo, Oscar Yánez se sigue presentando a sí mismo
como lo que siempre ha sido, incluso desde cuando todavía llevaba
los pantalones cortos y sus entrevistados lo veían con desconfianza
por su juventud: como un reportero siempre atento a las vueltas más
insólitas de la realidad.
Así son las cosas.
Por
Armando J. Pernía.
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