La incertidumbre, los retrasos y el deterioro de las condiciones para un acuerdo marcan la segunda ronda de conversaciones entre EE.UU. e Irán. Las delegaciones de ambos países estaban citadas desde este martes en Pakistán, el escenario elegido para las conversaciones, pero esa posibilidad … se difuminó durante el día: el líder del equipo negociador estadounidense, el vicepresidente J. D. Vance, todavía seguía en Washington en la tarde del martes (por la noche de España), mientras que desde Irán se mantenía que no se había llegado a una decisión final sobre su participación en la segunda ronda de conversaciones.
Eso suponía que, como pronto, los encuentros no comenzarían hasta el miércoles. Vance estaba listo para partir hacia Islamabad, la capital paquistaní, en cualquier momento. Pero la duración del vuelo -al menos doce horas- y la diferencia horaria entre la costa Este de EE.UU. y Pakistán -nueve horas- hacían imposible que el segundo de Donald Trump llegara a su destino antes del miércoles.
La misma situación afectaba a los dos negociadores principales de Trump en asuntos internacionales, su amigo Steve Witkoff y su yerno Jared Kushner. Ambos seguían en territorio de EE.UU. el martes por la tarde, en otra señal poco halagüeña para la celebración de encuentros diplomáticos.
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Enrique Serbeto
Estadounidenses e iraníes se enzarzaron durante todo el día en un juego de ‘smoke and mirrors’, de cortinas de humo, de juegos de manos, de no enseñar las cartas, de presionar desde el inmovilismo.
La Casa Blanca filtró que el viaje de EE.UU. estaba «en suspenso» porque, según revelaron fuentes gubernamentales a ‘The New York Times’, los iraníes «no han respondido a las posiciones negociadoras de EE.UU.». Esas posiciones fueron compartidas en una propuesta escrita que establece los puntos básicos de un acuerdo que Irán tendría que aceptar para abrir un proceso negociador más detallado sobre su ejecución.
El problema: el desmantelamiento del programa nuclear
La exigencia esencial de Trump es que Irán desmantele su programa nuclear y dé una solución a su inventario de uranio enriquecido. Teherán mantiene más de 400 kilos de uranio enriquecido al 60% que se cree enterrado en instalaciones bombardeadas el año pasado por EE.UU. e Israel, con una pureza que le coloca cerca de tener material para desarrollar armas nucleares.
En los últimos días, lo que queda del régimen iraní ha defendido que EE.UU. mantiene posiciones «maximalistas» que impiden el acuerdo. El mismo martes, el portavoz del ministerio de Exteriores, Esmaeil Baghaei, aseguró a la televisión pública iraní que su Gobierno no había tomado una decisión final sobre si participar o no en la nueva ronda de negociación en Islamabad.
«No se debe a nuestra indecisión, sino a los mensajes contradictorios, el comportamiento inconsistente y las acciones inaceptables del lado estadounidense», defendió.
El final de la tregua, de fondo
La tensión sobre la supervivencia de las conversaciones tenía de fondo un plazo decisivo: el final de la tregua decretada por Trump hace dos semanas para abrir el proceso diplomático. Aquí también reinaba la incertidumbre. Según la televisión pública iraní, el alto el fuego expiraba a las 3.30 de la mañana, hora de Teherán (dos de la mañana de España), lo que sería consistente con el plazo de dos semanas anunciado por el presidente de EE.UU. Pero en la víspera Trump anunció que el alto el fuego duraba hasta el «miércoles por la noche», hora de EE.UU., es decir, hasta la madrugada del jueves en Oriente Próximo.
Para meter presión a las negociaciones, el multimillonario neoyorquino aseguró el martes por la mañana que no tenía pensado extender el alto el fuego, incluso aunque las negociaciones fueran bien. «No quiero hacer eso», dijo en una entrevista con la cadena CNBC.
Al contrario, defendió que, con independencia de cómo vayan las conversaciones, su expectativa es volver a «bombardear» a Irán. «Es una actitud mejor para ir allí (a las negociaciones)», agregó.
La primera ronda de negociaciones en Pakistán, también liderada por Vance, acabó sin avances. Pero las negociaciones recibieron un impulso la semana pasada, cuando EE.UU. logró una tregua de diez días entre Israel y el Líbano, a la que Irán respondió con la reapertura del estrecho de Ormuz, su gran carta estratégica y militar en la guerra.
Aquello desató el optimismo de Trump, que llegó a decir que habría acuerdo «en uno o dos días» y que Irán había aceptado entregar a EE.UU. su uranio enriquecido. Desde entonces, las condiciones para llegar a un acuerdo se han deteriorado. Las negociaciones se han retrasado hasta el punto de estar en la cuerda floja (Trump anunció que empezarían el lunes). Irán negó que hubiera aceptado entregar el uranio y volvió a cerrar Ormuz por la decisión de Trump de mantener su propio bloqueo naval a los barcos iraníes, que Teherán considera «un acto de guerra».
En los últimos días, la Armada de EE.UU. ha apresado dos barcos iraníes -el lunes, un carguero que navegaba desde Malasia; el martes, un petrolero en el Océano Índico- y la tregua en el Líbano se tambaleaba después de un ataque de Hizbolá al Ejército israelí.
Desde EE.UU., Trump mantenía que no se apresurará a un acuerdo que no le interese, en medio de presiones internas, de fracturas en su electorado por una guerra impopular en EE.UU. «Yo quiero obtener un buen acuerdo. No me van a meter prisa. Tengo todo el tiempo del mundo», dijo el presidente, que recordó los muchos años que duraron otras guerras. «Yo habría ganado la guerra de Vietnam muy rápido», defendió.